En el pezón mismo de la loma llamada Hiskatuso
una pequeña fogata esparce parpadeos a la noche
mientras escapa por el techo
su luz entre negra roja y amarilla

Ahí cerquita
cerquita al lago Titicaca

Tiene en la forma de su cuerpo
y en el brillo de sus ojos
la belleza de las negras de Somalia,

pero en el aspecto en general,
parece hecha en las arenas de Arabia.


Y con ayuda de su blanca mano,
tomaba ese cobre por el mango
y diestra
y suavemente
lo ponía en la puertita,

para que luego

el presionara poco a poco hasta penetrarla buscando el fondo de las cosas,
encontrando los sentidos a la vida,
perdiendo las vergüenzas
y ganando duración a los orgasmos.

Es ella quién da rienda suelta a sus instintos,
es ella
quién desea que los instintos de él salgan
y estallen en pequeñas flores blancas sobre su cuerpo.

Es él
quién bebe un sorbito,
le abre las piernas
y se sumerge en esa noche de pelos ensortijados,

Y recién el "visitante" se asoma,
se adentra,
se expande por esa casa de carne.

Autor: Huáscar Vega